Mejores Hipotecas

2Abr/090

Qué sucede si dejo de pagar la hipoteca

Según los últimos datos publicados hoy, el número de personas desempleadas que ya ha dejado de recibir prestación o subsidio por desempleo supera el millón. Es una suposición bastante lógica que muchas de esas personas tienen un préstamo hipotecario que contrataron cuando nadie podía prever la crisis que se avecinaba o cuando sus previsiones de futuro laboral pasaban por la estabilidad. Sin embargo, nadie parece estar a salvo de las nefastas consecuencias que trae consigo la actual situación económica. La pregunta del millón es: ¿qué pasaría si dejase de pagar las cuotas de mi hipoteca?

Todo está pensado y, lo que es más importante, firmado en el contrato. Para empezar, la entidad puede iniciar acciones legales desde el primer impago, es decir, desde la primera cuota. No obstante, no se suele hacer. Habitualmente el banco agota en primer lugar la vía amistosa, que consiste en ponerse en contacto con el cliente para comentar la situación y ver si es posible renegociar las condiciones. Con la segunda cuota, el banco tira de paciencia y hace más o menos lo mismo. Pero como se suele decir, a la tercera va la vencida, de modo que a partir de la tercera cuota, el cliente es considerado moroso.

La entidad puede iniciar los trámites para embargar los bienes del cliente, empezando por el propio inmueble hipotecado, que se subastará si el propietario no cancela la cantidad que debe. Esto lo puede hacer incluso un minuto antes de que se haga oficial la venta. Si esto no sucede, lógicamente el proceso seguirá y otra persona se quedará con el inmueble. Si con esta operación no se llega a cubrir toda la deuda, el banco embargará otros bienes del cliente o del avalista, ya que se suele garantizar el pago con todos los bienes presentes y futuros.

A pesar de todo esto y de que el banco puede obtener beneficio de esta operación (por los intereses adicionales de demora), a las entidades no les interesa llegar a este extremo. De ahí el lanzamiento de productos con plazos más largos de carencia o condiciones más favorables para las personas desempleadas. Los bancos, en definitiva, se adaptan a la situación económica y renegocian de forma amistosa el préstamo… hasta cierto punto.

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